mi norte
Si, encontré mi imán, encontre mi estrella, cuando me perdí en tus labios y me encontre en tu voz: cuando soñé tus manos y encontré tu piel; cuando pensaba que estaba sola, y tus brazos me rodearon haciendome sentir pequeña.Cada día es un mundo: y cada día lo dibujamos de colores diferentes, como los cuentos vacíos de Marta, pintamos nuestros días y los llenamos de duendes, princesas, caballeros, hadas, brujas, magos.
¿Cómo pienso llenar mi mundo, mi día de hoy?
Con risas, colores bonitos, lleno de amistad, de amor. Hoy me siento contenta, tranquila, serena. La vida cambia en un segundo. Te sorprende y enamora. Espero contagiaros.
Esta mañana, escuchando el programa de "atrevete", han estado hablando de la rutina y la monotonía. Yo las confundía, pero sin embargo, esta mañana me han despejado las dudas entre risas. La rutina es que haces lo mismo, o te organizas el tiempo de la misma manera, pero realmente no haces lo mismo; si vas en autobus, no toda la gente es la misma ni se sienta en el mismo sitio; o si vas por una calle no todos los coches que circulan son los mismos que los del día anterior. Entonces me he quitado un peso de encima, porque creía que mi vida era rutinaria, igual a monotonía, igual a aburrimiento, y no, todas las proposiciones son falsas, ya que la rutina no es igual a monotonia, y tampoco a aburrimiento. Sino todo lo contrario, según los psicologos (jejeje, según "atrevete"), es buena la rutina.
"Amar con los ojos cerrados es amar como un ciego.
Ese instante en que tus labios me besan, ese preciso instante en el que mis ojos se me cierran, en el que mi corazón se desborda, en el que mis fuerzas me abandonan, y lo único que me sujeta son tus brazos y tus labios.
El mar estaba azul intenso, un azul oscuro, pero en calma. El suave viento que venía del mar me acariciaba el rostro y mezclaba mis cabellos. En el preciso instante que yo disfrutaba de mi preciosa soledad, el mar y yo. Solos. Como una espera infitiva, te miro, y como siempre admiro las crestas blancas de tus olas. Tu olor... cierro los ojos, y aún con ellos cerrados te veo. El tiempo se ha parado, y no hay nadie a mi alrededor, estamos solos, el mar y yo.
Una tarde de otoño, pasean de la mano por la orilla del mar, junto al ruido de las olas al romper, en silencio. El sonríe mientras tira de la mano de ella para sentarse en la arena, y mirando hacia el mar, igual que si fuera una niña, sentada entre sus piernas, dándole de espalda para poder contemplar los dos como la bola anaranjada se sumerge suavemente en el azul turquesa. Ella inclina la cabeza hacia atrás, reposando su nuca en el hombro de él. Le susurra al oido palabras dulces... le dice princesa... ella sonrie y cierra los ojos.. y se duerme en sus brazos, delante del mar, entre palabras dulces, y la nana de las olas... sueña princesa, sueña.
de Miguel Hernández, de "el rayo que no cesa", que he estado releyendo estos días, y un poco es como comentaba Caramelo y Painkiller en post de días pasados, donde relacionaban amor con dolor. No sé.. me ha hecho meditar.
Imaginar puede ser una puerta de escape al día a día. A las malas contestaciones, a las ausencias, a la tristeza, a la melancolía, al amor.
Ella estaba tendida en la cama, con su carita triste, entre almohadones, vuelta de lado hacia el despertador. Escuchó como subía él las escaleras, como entraba en la habitación, se desnudó, y ocupó su sitio en la cama, pero sin tocarla.
En tus brazos, en tu olor, en tu respirar, en tu calidez..
Las tardes son ocres, y el aire acondicionado conectado. La habitación a oscuras donde las palabras son susurros y leves sonrisas. Confidencias intimas que hacen que las dos figuras que reposan en la cama sean complices.