Hoy
Una antigua amiga, la tristeza, me está haciendo una visita de cortesía.Siento mi corazón como con un sombrero pesado, me cuesta respirar. Cuando me alivia el peso del sombrero, un pellizco a la altura de las costillas lo sustituye. Mi cabeza no está al cien por cien.
Intentaré llenar de alegría el día, haciendo cosas divertidas. Ya estoy sonriendo sin sonreir.. no cuela, pero lo estoy intentando. A fuerza de hacerlo, seguro que lo consigo.
Tristeza, te aprecio, y me pareces en ocasiones hasta dulce y serena.. pero no aguanto la pesadez de mi alma. Liberame tristeza, lo necesito. Haz breve tu visita.
La soledad, la tristeza, el huir de todo y todos... eso es lo que me pide el cuerpo.
Pero no, no caere en la red.. no.
Saldré reiré, conversaré, no.. tristeza, no haré confortable mi corazón para tí.
Estoy buscando mi rinconcito de paz, donde me siento protegida, donde no me puede llegar nada malo.
Quiero ese rinconcito... buscame serenidad.
El sol de la tarde acariciaba los castaños cabellos de ella, iluminandolos, haciendo que sus ojos verdosos tuviera que entrecerrarlos para mirar a los ojos negros que la miraban, y la sonreían, y sentir la mano que le cogía su mano, suave y firmemente. Ella iba con un traje de fiesta negro estampado en flores malvas, con un chal del mismo tono, hacía equilibrios con los altos tacones, el pelo suelto, alborotado, con una flor cogida debajo de la oreja derecha. Él, como siempre impecable, con un traje de corte moderno en tono azul, con raya diplomática, una camisa de hilo celeste, y una llamativa corbata rosa con brillos azules.
Envuelta en su bata de colorines, con los pies descalzos, lo deja hablando por teléfono, y ella, cansada, se dirige al dormitorio. No enciende la luz, con la farola de la plaza tiene suficiente luz para quitar la colcha, quitarse la bata, y con el camisón meterse entre las sábanas. En la mesita de noche tiene cuatro libros, dos que lee a trozos, son de los que se pueden leer de cualquier manera; otro, el médico de Noah Gordon, que ha empezado a leer, aunque lo tenga desde navidad; y la última adquisición que está deseando devorarla, carta blanca, de Lorenzo Silva, del que todo lo que lee, hasta ahora, le gusta; si, las aventuras de Chamorro, los picoletos, amores y desamores, todas las caras de la realidad.
La ciudad está envuelta en bruma. La lluvia hace minutos que ha dejado de caer sobre la ciudad. Se respira la limpieza en el aire. Caminan a paso rápido. Sus vidas, compartidas durante tiempo, ha hecho que puedan caminar en un silencio agradable. Ella, anhelante siempre de sus palabras cálidas y sus caricias, introduce su mano por dentro de la chaqueta abierta de él, y se engancha, como dos novios que no saben como estar tan juntos uno junto a otro, por la cintura. Al permitir él el abrazo, el aroma suave y dulzón de su perfume mezclado con el de su piel, inunda los sentidos de ella, de tal manera que entorna los ojos para retener ese instante. Siguen caminando por las calles mojadas; él acerca sus labios al oido de ella, y le susurra no me gusta verte triste.
Creo que soy rencorosa: pasan los años, y la persona que a mi modo de ver me hizo daño, sabiéndolo, siendo consciente de ello, el no importarle en absoluto las consecuencias que pudiera ocasionar, mostrando el lado más oscuro y frío de su corazón. Hace cuatro años, y aún, me duele.
Cae la noche, en la casa, tan enorme para ellos dos, deciden subir al dormitorio. Sus caras tristes apesadumbradas. En silencio se meten entre las sábanas, de invierno, calentitas.
En su interior algo va cambiando. No es voluntario, es algo que ha de pasar, con o sin su consentimiento. Siente el estómago como si estuviera vuelto. De vez en cuando su corazón late tan fuerte que se ha de parar a respirar, para poder regular sus latidos.
Entre la mente y el corazón. Entre el juicio y el sentimiento.
Describir tus besos... por mucho que quisiera, no podría expresar con palabras como son tus besos.
Pudiera ser que la luna cayera,
Días dificiles, donde se valora más el amanecer, el café, la sonrisa, el ruido de los niños, los ladridos del perro, las hojas secas de los geranios.
"No hay caminos para la paz; la paz es el camino."
El día es soleado, bonito, sin embargo, ella se acerca al gran edificio sin su sonrisa.
El café calentito, las galletas y los bollitos en la mesa de la cocina; como siempre, estás distraido mientras desayunas.
El día se ha levantado alegre; colores del amanecer, alegran mis ojos.
Por fin un día que empieza tranquilo; obviaré las obras de la autovía, que hayan cerrado un carril,lo que ha provocado atasco, y el frio de la mañana.